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"HE APRENDIDO A ESCUCHAR EL ESPACIO"

Proyecto Contract nº 031

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1. Alfredo Arribas 2. Continuación de la entrevista3. Más información4. Proyectos

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Han pasado más de diez años desde su último premio FAD de Interiorismo, por lo que el premio a Ermenegildo Zegna de esta última edición ha supuesto para Alfredo Arribas no sólo un reconocimiento a su trayectoria, sino también una muestra de cariño de sus compañeros de profesión. Fue una de las caras más conocidas de la fiebre del diseño del 92 y hoy su obra se reparte por todo el mundo. Sigue apostando por la obra total, el binomio entre la arquitectura y el interiorismo. El gusto por el trabajo bien hecho y con ambición define la trayectoria de Alfredo Arribas.

Ante todo, felicidades por el premio FAD. A estas alturas de tu carrera, ¿cómo se valora un FAD y, en general, los galardones?
Bien, sientan bien. Un premio es sobre todo un reconocimiento. Es tener esa pequeña compensación porque no es mucho más- de que el trabajo que estás haciendo no sólo satisface a uno mismo sino que se puede compartir. Al fin y al cabo un premio no es otra cosa que la opinión de unas personas concretas; todos podemos imaginar que si el jurado hubiera sido otro, el premio posiblemente cambiaría de manos. En mi caso lo que es más significativo es que entre el primer premio FAD y éste último han transcurrido muchos años y el rigor en el trabajo de todo ese tiempo se ha reconocido. Para mí se trata de una muestra de afecto hacia esa trayectoria.

¿Qué cree que ha visto el jurado en tu proyecto para Ermenegildo Zegna?
Zegna es algo difícil de apreciar sin visitarlo. Yo creo que si este jurado no hubiera hecho el esfuerzo increíble de visitar muchas de las obras presentadas, posiblemente Zegna no hubiera sido un premio FAD 2006. Yo creo que es la atmósfera de este lugar la que es difícil de olvidar, el tratamiento de la luz. Al visitarlo asciendes desde un espacio compacto en su base, regular, donde predomina una rigurosa trama de 9x9 propia de una estructura industrial, hasta introducirte en la planta superior, más fluida, donde sin perder la condición de edificio fabril acabas disfrutando de un sutil ejercicio del tratamiento de la luz.

Un trabajo donde la iluminación se moldea de múltiples formas.
Son los recortes en las superficies, de diferente carácter: las superficies de ladrillo, las de los muros de hormigón, las metálicas. Esas hendiduras, esas tramas, esos troqueles filtran la luz de tal manera que a mí me evoca un ambiente de recogimiento. Los patios son dos grandes lámparas. Cómo se ha filtrado hasta el final la iluminación y cómo ayuda a generar la sensación de concentración que permite a su vez el trabajo, serían aquellas cualidades que pueden seducir más a un visitante. El rigor y el trabajo por limar los elementos superfluos se da, pero a cambio de un enorme control de todos ellos. A base de sumar ejercicios minimales se consigue una cierta sensación de complejidad, casi barroca. La insistencia o la frecuencia de las soluciones sencillas, todas resueltas con criterios coincidentes, generan una riqueza abstracta.

De hecho, estuviste muy vinculado al FAD. De 1982 a 1985 fuiste presidente del INFAD, y de 1986 a 1988, del propio FAD. Eras muy joven…
Empecé muy pronto. Para mí el diseño constituyó algo así como una sorpresa al final de la carrera de arquitecto. Siempre he admirado profundamente las arquitecturas muy acabadas, la obra total. Encontraba a faltar algo en mi formación y la mejor forma de completar lo que no tenía fue acercarse a ello. Por un lado enseñando, fue una época larga, en Elisava primero y simultáneamente en escuelas de arquitectura como la ETSAB. Fui acercándome al mundo del diseño de interiores con mayor razón por la lógica sintonía con la arquitectura, al compartir la preocupación por el espacio. Y luego la presencia en el FAD fue casi consecuencia de lo anterior. Los estudiantes de mis cursos, entre los cuales hay bastantes de los que ahora publican en vuestra revista, tenían trabajos destacados en los concursos y premios de las escuelas. Se me propuso formar parte de la junta del INFAD. Luego presidí el INFAD y más tarde estuve en la vicepresidencia del FAD, siendo muy joven todavía, en la época post-Moragas y en los primeros años de Jordi Casablancas como presidente.

¿Qué destacas de esa etapa?
De ello recuerdo de modo especial el trabajo que hicimos con Daniel Giralt-Miracle para ampliar los premios FAD a más disciplinas. Ahora –además- los premios han desbordado ámpliamente sus fronteras, lo cual los hace todavía más relevantes dada la lógica dificultad para alcanzarlos. El número de obras considerado este año ha sido ingente, creo que más de quinientas, y de un nivel en general muy alto.

Te encargas de la arquitectura y del interiorismo de tus proyectos. ¿Son disciplinas indisociables para ti? ¿De dónde te viene ese interés por la obra acabada?
Todas las disciplinas tienen diferentes lecturas o interpretaciones. En la arquitectura siempre han existido arquitectos preocupados por el hecho global, por la obra completa. Al principio eran los que más me fascinaban. Es fácil girar la vista atrás y recordarlos. Frank Lloyd Wright es uno de los más sólidos en ese sentido. Hay otros ejemplos como el de Pierre Chareau, del que reconozco la enorme ductilidad para traspasar del espacio al objeto. Y más cercanos, muchos otros.

¿Arquitectura o interiorismo?
En la actualidad me llena más la arquitectura porque, como me he dedicado mucho al diseño de interior, los ejercicios más restringidos, más concentrados, me interesan mucho. En el polo opuesto a la pequeña escala, estamos haciendo un proyecto, el waterfront de la ciudad italiana de Brindisi, un ejercicio puramente urbanístico. En realidad, lo más importante radica en el placer o la satisfacción que producen las obras cuando tienes una percepción global de ellas, no sólo como autor sino simplemente como visitante. Lo cual no implica que estén muy llenas de detalle sino más bien constatar que se ha concedido igual importancia a los aspectos que podríamos considerar mayores que a esos otros aspectos que suelen considerarse menores. Esa equidad, ese equilibrio en valorar todas las partes por igual o, como mínimo, tenerlos en consideración es lo que sigo pensando que está muy bien.

¿Cómo fueron tus inicios en la profesión?
La primera parte de mi carrera se centra en la enseñanza. Durante un tiempo bastante prolongado, entre doce y quince años, he estado enseñando tanto arquitectura como diseño. La explosión más intensa del trabajo del estudio hacia el exterior, el reconocimiento público y los encargos de un cierto nivel, llegaron con el diseño de interiores porque era una disciplina algo olvidada o poco atendida, sobre todo por los profesionales de un cierto nivel. Nos volcamos en este tipo de proyectos durante casi una década. De forma tal que enseguida empezamos a trabajar fuera de España. Barcelona, además, estaba emergiendo por momentos en el panorama internacional y con la culminación del 92 todo fue fácil. A continuación esta dinámica hacia el exterior me permitió ir alternando, como hemos seguido haciendo a posteriori, trabajos de ambas categorías y centrar nuestra actividad en aquellos proyectos en los que se pide esta concepción global, en la cual no sólo la arquitectura tiene una importancia fundamental sino también todo aquello que contiene.

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